Hoy por la tarde me puse a revisar un par de noticieros extranjeros, y me encontré con esta noticia la cual les quiero compartir, en la que menciona que en el 2013 en México operan 88 organizaciones criminales relacionadas con el tráfico ilegal de sustancias sicotrópicas y otras drogas, pero uno de los temas que más me impresionó es que la misma Procuraduría General de la República en México conoce que este negocio ilegal podría generar más de 39mil millones de dólares de utilidad, y que solo 8 de esas organizaciones son las más grandes y lideradas por una misma persona.
El autor de este artículo explica
que el narcotráfico es todo un consorcio, y que a nivel internacional está
liderado por Joaquín Guzmán Lorea, quien mantiene negocios con alrededor de 50
países.
Les dejo la noticia: http://contralinea.com.mx/archivo-revista/index.php/2013/06/02/los-89-carteles-arrasan-mexico/
Los 89 cárteles que arrasan México
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En México
operan 88 organizaciones criminales vinculadas al tráfico ilegal de narcóticos,
afirma un informe elaborado por la Procuraduría General de la República en
marzo de 2013, del que Contralínea obtuvo copia. La información de los
aparatos de inteligencia del Estado mexicano revela la supuesta desaparición
del Cártel del Golfo y el encumbramiento del Cártel de la Barbie. Identificados
con nombres y zonas de influencia, las organizaciones del narcotráfico, sus
células y pandillas dominan extensas áreas donde también se asientan
importantes regiones militares y navales. El territorio nacional, como se
señala en el mapa adjunto a la presente investigación, en manos de la
delincuencia organizada
La
Procuraduría General de la República (PGR) revela a Contralínea que en México operan 88 organizaciones
criminales dedicadas al tráfico ilegal de estupefacientes, cuyas ganancias
anuales superarían los 39 mil millones de dólares (unos 468 mil millones de
pesos). De éstas, ocho son consideradas como “grandes organizaciones del
narcotráfico” por la dependencia que encabeza Jesús Murillo Karam.
Los
Zetas, el Pacífico (o Sinaloa), los Arellano Félix, La Familia Michoacana, Los
Caballeros Templarios, el Nuevo Cártel de Juárez, el Cártel de la Barbie y el Cártel de los Beltrán Leyva son
las organizaciones que dan origen o cobertura a los otros 80 grupos delincuenciales,
indica el informe Células delictivas con presencia en el país,
fechado el 25 de marzo de 2013 y elaborado por la PGR con base en reportes de
los aparatos de inteligencia del Estado mexicano.
El listado y el
mapa, contenidos en el documento oficial, descubren que tanto para la
Procuraduría como para el gobierno federal el Cártel del Golfo ha dejado de
existir y ya no es un objetivo en su supuesta lucha contra el crimen
organizado. Su presunta extinción se habría dado el año pasado, tras la captura
de quien sería su último líder, Eduardo Costilla Sánchez, el Coss, ocurrida el
12 de septiembre de 2012.
De
confirmarse la información de la PGR, la desaparición del otrora poderoso
enemigo del Cártel de Sinaloa parecería el único “logro” de la “guerra” contra
el narcotráfico, que supuestamente libró el pasado gobierno de Felipe Calderón
Hinojosa y que cobró la vida de más de 100 mil civiles. No obstante, esta
extincón se derivaría en sí del debilitamiento que le causó la ruptura a fines
de 2009 y el posterior enfrentamiento con su brazo armado Los Zetas, al punto
de llevar a la organización que consolidó Juan García Ábrego a unirse a su histórico
enemigo .
Para
Jorge Luis Sierra –experto en el estudio de la seguridad nacional y la
delincuencia organizada–, este punto del informe debe verse con reservas. El
investigador considera que aún hay indicios que apuntan a una presencia
mermada, pero no extinta, del Cártel del Golfo en regiones relevantes para el
crimen organizado.
En
su más reciente mapa de los cárteles –Mexican
cartels. Map depicting areas of dominant influence–, elaborado en enero de
2012, la Agencia Antidrogas estadunidense reportaba que el Cártel del Golfo se
ubicaba en la frontera entre Tamaulipas y Nuevo León, área que abarcaba Reynosa
y Matamoros. También, que su influencia alcanzaba a Tampico, Tamaulipas;
Veracruz, Veracruz; y Villahermosa, Tabasco.
El
encumbramiento del Cártel de la Barbie es
otro punto que sobresale en el informe Células delictivas con presencia en el país (entregado por la PGR a Contralínea por medio de la Ley Federal de
Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, oficio
SJAI/DGAJ/5211/2013 relacionado con el recurso de revisión RDA0538/13); ello a
pesar de que su cabecilla, Édgar Valdez Villarreal, fue detenido desde el 30 de
agosto de 2010.
Hasta
ahora, el narcotraficante conocido con el sobrenombre de Barbie había sido identificado como un
criminal de rango medio: era el jefe de los sicarios del Cártel de los Beltrán
Leyva.
Los cárteles más relevantes
De
las ocho “grandes organizaciones del narcotráfico”, el Cártel de es
el que cuenta con más grupos afines: 23. Le sigue el de los Arellano Félix, con
14; el Cártel del Pacífico, con 12; La Familia Michoacana, con cinco; Los
Zetas, con tres; y los Caballeros Templarios y el Nuevo Cártel de Juárez, con
dos, respectivamente. Mientras que del Cártel de los Beltrán Leyva se habrían
escindido 19.
Aunque
en términos de número el ocupa el tercer lugar, éste es el que
tiene a las organizaciones más relevantes a su favor: Gente Nueva, Cártel de
Jalisco Nueva Generación, Cártel del Poniente, Cártel de la Laguna, Los
Mata-Zetas, Los Cabrera, La Barredora, el Comando del Diablo o Comando Guerrero
Diablo, el Aquiles, el Tigre, los Artistas Asesinos y los Mexicles.
El
consorcio criminal que encabeza Joaquín Guzmán Loera –y que se extiende a 50
países de los cinco continentes–, controla el mercado de la cocaína y las
metanfetaminas. Pero sus negocios no se limitan a los llamados delitos contra
la salud, al tráfico de armas y al lavado de dinero; también están involucrados
en tráfico de personas, de animales en peligro de extinción, de maderas finas y
piedras preciosas, trata de blancas, secuestro, robo de combustibles a
Petróleos Mexicanos, robo de automóviles, piratería, extorsión y cobro de piso.
El
informe de la PGR, del cual Contralínea tiene copia, señala que Gente Nueva se
ubica en Chihuahua y Sinaloa; el Cártel de Jalisco Nueva Generación, en
Jalisco, Colima, Michoacán y Veracruz; Los Cabrera, en Durango y Chihuahua; La
Barredora y el Comando del Diablo, en Guerrero; el Cártel del Poniente, en
Coahuila; el Cártel de la Laguna, en Durango y Coahuila; Los Mata-Zetas, en
Veracruz y Jalisco; las pandillas del Aquiles y del Tigre, en Baja California;
y las de los Artistas Asesinos y los Mexicles, en Chihuahua.
Para
Jorge Luis Sierra, “todas las células [que menciona el reporte] han tenido un
nivel de importancia alto, en la medida en que han funcionado como el brazo
operativo y de recolección de inteligencia táctica de las grandes
organizaciones. Cuando la situación se ha prestado, reciben las órdenes y ven
condiciones favorables, todas ellas han ejercido de una u otra manera el mismo
nivel de brutalidad y violencia”.
Los nexos de Los Zetas
, considerados como los
narcotraficantes más violentos del país y cuyos negocios abarcan el Continente
Americano y llegan hasta el Europeo, tendrían bajo su control, según la PGR, a
tres organizaciones de menor nivel pero igual dimensión de brutalidad: Los
Talibanes, Los Legionarios y Los Hijos del Diablo.
No
obstante, al parecer dos se han deslindado del que era el brazo armado del , conformado en un principio
por militares de elite que desertaron de los grupos Aeromóvil y Anfibio de
Fuerzas Especiales y de la Brigada de Fusileros Paracaidistas del Ejército
Mexicano.
De
acuerdo con la investigación de la Procuraduría, Los Talibanes se ubican en
Tamaulipas y Quintana Roo. Esta facción, sin embargo, declaró la “guerra” a Los
Zetas el 1 de junio de 2012. Ese día se colocaron en Zacatecas unas mantas
presuntamente de su autoría, con las fotografías impresas del líder de Los
Zetas, Heriberto Lazcano Lazcano, y de otros delincuentes que habían sido
abatidos o capturados, bajasque entonces le achacaban al Lazca.
El
20 de agosto de 2012, el líder de esta célula Iván Velázquez Caballero, el Z-50 o el Talibán, rompió abiertamente su vínculo con
Los Zetas tras señalar en unas mantas colocadas en Nuevo Laredo, Tamaulipas,
que Miguel Treviño –el Z-50– y Heriberto Lazcano se aliaron con
“los federales” y traicionaron a sus jefes para controlar el cártel. El Z-50 fue capturado el 28 de septiembre y el Lazca fue “abatido” el 7 de octubre de ese
mismo año por elementos de la Secretaría de Marina.
El
segundo grupo que la PGR vincula a Los Zetas –Los Legionarios– opera en
San Luis Potosí, Zacatecas, Nuevo León y Tamaulipas. Su objetivo, según
refirieron el 20 de octubre de 2012 a través de unas mantas, es acabar con el Z-40 o Talibán. “Los Legionarios somos un
grupo de Zetas renegados que fuimos traicionados por [el] ‘Z-40’.
Los Legionarios tenemos claramente la orden de exterminar sólo a la gente de
Los Zetas y familias… ojo por ojo”.
Los
mensajes, reportados por algunos medios de información, concluían así: “Nuestro
negocio es el narcotráfico, sólo y exclusivamente. Respetamos a las fuerzas
federales y la lucha que hacen para terminar con el narco”.
De
acuerdo con el informe de la Procuraduría, Los Hijos del Diablo se localizan en
San Luis Potosí y Zacatecas. A esta célula se le vincula con el narcotraficante
Miguel Treviño e incluso con miembros del supuestamente extinto Cártel del
Golfo.
El
investigador Jorge Luis Sierra observa que estas células operativas de los
nuevos Zetas han ejercido altos niveles de violencia y brutalidad de manera más
sistemática y constante que el resto de las pandillas.
Explica
que en México “nunca ha habido un combate frontal [contra el crimen]. El
combate frontal sería empleando todos los elementos del poder nacional, reforzando
las instituciones, eligiendo un diseño apropiado de la fuerza y construyendo
presencia del Estado mexicano en lugares donde es prácticamente inexistente”.
Las células de la Barbie
“Tras
la ofensiva militar sostenida durante los 6 años [del gobierno de Calderón], en
nuestros días los grupos criminales han sufrido tres modificaciones
fundamentales. La primera es que se han fraccionado: los seis grupos originales
que cubrían todo el territorio nacional se fraccionaron al influjo de los
golpes policiacos y represivos del Ejército en un número muy amplio de
organizaciones más pequeñas”, refiere el maestro en ingeniería financiera y
experto en el estudio de la mafia trasnacional Jorge Retana Yarto.
Agrega
que la segunda es que se convirtieron en organizaciones multicriminales:
cometen más de 20 delitos específicos con los cuales nutren a su organización,
sus finanzas y su actividad. Ya no sólo se trata de producir o traficar
enervantes en la frontera Norte de México y Sur de Estados Unidos.
La
tercera modificación, explica Retana Yarto, es que estos grupos de base
nacional se han internacionalizado. Sus actividades ilícitas se cometen lo
mismo en México que en el resto de América y en Europa.
El
fraccionamiento de la mafia mexicana ha derivado en el ascenso del nuevo Cártel
de la Barbie,
como identifica la Procuraduría General de la República a una de las “grandes
organizaciones del narcotráfico” y de la cual no se tenía registro hasta ahora.
Dicha
organización tiene vínculos con El Indio, que opera en Chiapas, el Distrito
Federal, el Estado de México, Guerrero, Morelos y Quintana Roo; Los Canchola,
El Cabezas, El Panda, El Coyote y El Banda, en Morelos; La Oficina, el Cártel
Independiente de Acapulco, Los Marquina, Santana Ríos Bahena, Iguala, El Mudo y
EI Yey, en Guerrero; El Güero Guetamo, en Guerrero y Morelos; el Cártel del
Centro, el Comandante 8 y el JJ y/o Batman, en el Estado de México; Los
Pelones, en Guerrero, Morelos, Quintana Roo, Estado de México y Chiapas; El
Javi, en Quintana Roo; El Pelón, en Chiapas; El Pelos, en Morelos, Distrito
Federal, Estado de México y Guerrero; la Nueva Administración, en el Distrito
Federal; y grupos al mando de una persona que se apellida Solano, en Morelos y
Guerrero.
El
general brigadier en situación de retiro Samuel Lara Villa, presidente de la
Federación de Militares Retirados General Francisco J Múgica, AC, refiere que
la responsabilidad de la proliferación de los grupos criminales es de quien
llevó a México a un estado de guerra: las guerras siempre conllevan la
generación de bandas y pandillas que aprovechan las situaciones de caos para
delinquir impunemente.
Expansión criminal
Del
informe Células
delictivas con presencia en el país se
desprende que de las 14 pandillas ligadas al Cártel de los Arellano Félix, 13
tienen presencia en Baja California (Don Balas, El Mario, El Melvin, El Chan,
El Jorquera, grupos dirigidos por una persona de apellido García, grupos
dirigidos por una persona que se apellida Barranco, Pelioni, El Kieto, Chikaka,
El Bibi, El Licenciado y El Turbo) y una en Baja California Sur (Los Zamudio).
Las
células ligadas a la Familia Michoacana son Guerrero(s) Unido(s) y/o la Nueva
Empresa, que opera en Morelos, Guerrero y el Estado de México; La Resistencia,
en Jalisco; Champis y/o Champis Crew, en Michoacán; Brown Side Family, en
Michoacán; y la Empresa, en el Estado de México y Morelos.
Los
Caballeros Templarios cuentan con la Guardia Morelense, en Morelos, y Los
Troyano, en el Estado de México. Y el Nuevo Cártel de Juárez, con dos pandillas
afines: la Línea y los Aztecas, que operan en Chihuahua.
Según
la PGR, los Beltrán Leyva son los únicos que han perdido el apoyo de sus bases,
pues de este cártel se han escindido 19 organizaciones: el Chico Malo, con
presencia en Nuevo León; el H2, en Nayarit, Jalisco y Sinaloa; los Mazatlecos,
en Sinaloa, Baja California Sur y Nayarit; los Tigres, en Sinaloa y Nayarit; el
2 Mil, en Sonora; los Granados, en Guerrero; los Rojos, en Guerrero y Morelos;
Morelos Unidos, en Morelos; el Nuevo Cártel de la Sierra, en Guerrero; los
Pineda, en Chiapas, Nuevo León, Estado de México y Morelos; los Zafiros, en
Guerrero y Morelos; el Cártel del Pacífico Sur, en Morelos; La Oficina, en
Aguascalientes y Baja California Sur; La Mano con Ojos, en el Distrito Federal
y Estado de México; el Mosco, en el Distrito Federal y Oaxaca; los Gilos, en Sonora;
el Tigre, en Guerrero; Los Ardillos, en Guerrero, y Los Arturos, en Baja
California.
Para
el general Francisco Gallardo, doctor en ciencias políticas y académico de la
Universidad Nacional Autónoma de México, ante la falta de estrategia, la
“lucha” contra el narcotráfico se dedicó a exterminar los liderazgos. “Cada vez
que había una aniquilación de una cabeza surgían otras tres, cuatro o cinco.
Fue una multiplicación de pequeños grupos o fragmentos que buscaban un
reacomodo. Los grupos delincuenciales con más poder fueron cooptando y
controlando territorios que ahora se ven por zonas muy específicas, por ejemplo
Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, por el lado del Este; y por el Occidente
Norte, Tijuana, Sonora; en el centro, más abajo, Sinaloa, parte de Chihuahua,
Durango, Nayarit y Jalisco”.
Gallardo
señala que la falta de una estrategia derivó en una pérdida de control.
“Calderón quiso legalizar [la lucha] a partir de la creación de la Ley de
Seguridad Nacional, que por cierto está todavía en ciernes, cuando pudo haber
emitido un estado de excepción apoyado por todas las fuerzas políticas para
hacer una estrategia y un marco jurídico y constitucional del Poder Ejecutivo
por el Poder Legislativo en su rama militar, con base en el Artículo 89,
fracción sexta [de la Constitución]. Esta situación llevó a un caos y ahora va
a ser muy difícil reestructurarlo porque, lejos de atacar el crimen organizado,
rompió el tejido social en muchas regiones de México”.
Narco-México
El
informe de la PGR revela que los 80 nuevos cárteles surgidos en el sexenio de
la “guerra” contra el narcotráfico se ubican en 24 entidades de la República
Mexicana, incluido el Distrito Federal.
En
el nuevo mapa de la criminalidad, la mayoría de grupos narcotraficantes se
localiza en el Norte y el centro del país: Baja California, Baja California
Sur, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa, Durango,
Zacatecas, San Luis Potosí, Veracruz, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán,
Aguascalientes, Estado de México y Morelos; mientras que en el Sur-Sureste se
encuentran en Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Quintana Roo.
De
estas entidades, cuatro concentran la presencia del 85 por ciento de los
medianos y pequeños cárteles, células y pandillas: Guerrero, gobernado por el
perredista Ángel Aguirre; Morelos, encabezado por el también perredista Graco
Ramírez; Baja California, que aún administra el panista José Guadalupe Osuna; y
el Estado de México, en manos del priísta Eruviel Ávila.
Según
la información de la PGR, Guerrero es donde hay una mayor presencia de
organizaciones del narcotráfico. Se trata de cuatro grandes cárteles y 21 de
menor tamaño. De éstos, dos están vinculados al Cártel del Pacífico; uno, al de
La Familia Michoacana; 12, al de la Barbie; y seis se escindieron de los Beltrán
Leyva.
La
violencia en ese estado, considerado entre los más peligrosos del mundo, no ha
cesado a pesar de los niveles de militarización a los que fue sometido desde
inicios del sexenio pasado. Además de los operativos militares, como el actual
Guerrero Seguro, ahí se ubican de forma permanente la Novena Región Militar,
que dirige el general de división diplomado de Estado Mayor Genaro Fausto
Lozano Espinosa; la Trigésima Quinta Zona Militar, a cargo del general de
brigada diplomado de Estado Mayor Juan Manuel Rico Gámez; y la Octava Región
Naval, que hasta hace unos días encabezaba el almirante Sergio Javier Lara
Montellano, actual secretario de Seguridad Pública de Guerrero.
—¿Por
qué no funcionó el despliegue militar permanente de las tres Fuerzas Armadas
para contener y erradicar a las bandas del crimen organizado? –se le pregunta a
Jorge Luis Sierra.
—Primero,
porque la formación militar no es apropiada para luchar contra un enemigo que
emplea medios no militares como la corrupción, la extorsión, el camuflaje en la
población civil y el lavado del dinero. Segundo, las Fuerzas
Armadas nunca recibieron el respaldo legal para hacer esa labor y operaban y
han operado al margen de las propias leyes. Tercero, las Fuerzas Armadas nunca
han recibido el presupuesto necesario para operar en el mar y sellar las
fronteras marítimas, controlar el espacio aéreo efectivamente y ocupar por
tiempos prolongados los lugares con actividad criminal intensa.
A
pesar de ser una de las entidades más pequeñas en extensión territorial,
Morelos ocupa el segundo sitio con mayor presencia de grupos criminales. Allí
se asientan cuatro grandes organizaciones del narcotráfico y 19 de menor nivel:
La Familia Michoacana y tres de sus pequeños cárteles, células o pandillas; Los
Caballeros Templarios y uno de sus grupos aliados; la Barbie,
con 10 organizaciones de menor tamaño; de los Beltrán Leyva, allí se
escindieron cinco grupos. En ese estado también se ubica la Vigésima Cuarta
Zona Militar.
El
maestro Retana Yarto indica que el problema fundamental es que el crimen
organizado le ha arrebatado las atribuciones de autoridad al Estado en
distintas partes del territorio nacional. Y el Estado mexicano, a través de sus
cuerpos armados, Policía Federal y Ejército, ha sido incapaz de restablecer su
autoridad. “Después de todos estos años, el Estado no ha sido capaz de
restituir su autoridad en distintos territorios en donde acciona o controla el
grupo criminal”.
En
la tercera posición se localiza Baja California, al registrar la presencia de
tres grandes cárteles del narcotráfico y 17 pequeñas organizaciones criminales
ligadas a éstos. De acuerdo con la PGR, 14 están vinculadas al Cártel de los
Arellano Félix; dos, al del Chapo Guzmán,
y la última se escindió de los Beltrán Leyva. Allí también está la presencia
permanente de la Segunda Región y Segunda Zona Militar y de la Segunda Región
Naval.
La
cuarta entidad más asolada por el narcotráfico es el Estado de México, de donde
es oriundo el presidente de la República, Enrique Peña Nieto. Ahí la PGR
registra la presencia de cuatro grandes organizaciones de las que se desprenden
otras 11: dos son escindidas del Cártel de los Beltrán Leyva; seis, ligadas al
de la Barbie;
dos, a La Familia Michoacana, y una, a Los Caballeros Templarios. En esta entidad
se ubican la Vigésima Segunda Zona y Trigésima Séptima Zona Militares.
Jorge
Luis Sierra opina que el impacto de estos 88 grupos criminales ha sido muy
perjudicial para la sociedad, porque eso implica que el modelo de usar
pandillas o pequeñas organizaciones delictivas para controlar zonas geográficas
del país se basa en la expansión de la capacidad de reclutamiento voluntario o
forzado de jóvenes que viven cerca de las zonas de operación de organizaciones
o entran en contacto con ellas.
También,
refiere, los negocios ilícitos han sufrido un impacto porque la delincuencia
organizada cobra sus impuestos y se convierte en una Hacienda de facto para los negocios irregulares
o francamente ilícitos. Así, los negocios lícitos se han visto afectados: “en
zonas de la frontera, la delincuencia organizada se presenta de noche a los
locales de negocios exitosos, lleva cerrajeros, cambian las cerraduras y le
avisan al legítimo propietario que el negocio entero ha dejado de
pertenecerle”.
—¿Cómo
ha determinado esta presencia de cárteles, células y pandillas el conflicto que
vive México?
—A
medida que la fuerza militar se ha aplicado en las regiones del país, las
organizaciones criminales han extendido su actividad en todo el territorio
nacional para evitar su destrucción. Esta diseminación territorial fue una
consecuencia inesperada de las políticas antidrogas mexicanas. Su extensión
ayudó a la organización de nuevas células, más atomizadas, menos conectadas
entre sí y por tanto más difíciles de identificar, perseguir y destruir. Por
esa razón, por ejemplo, el Cártel de los Arellano Félix casi fue destruido,
pero la violencia y el tráfico de drogas permanecieron debido a la existencia
de muchas pequeñas células que llenaban los vacíos existentes –opina Sierra.
La
ubicación de las 88 organizaciones del narcotráfico es parte de un amplio
diagnóstico sobre la delincuencia organizada en poder del gobierno de Peña
Nieto. Éste revela que en el gobierno de Felipe Calderón, lejos de combatir la
criminalidad, la “guerra” generó 80 nuevos cárteles. Como lo ha documentado Contralínea (ediciones y ), en el sexenio pasado los narcotraficantes
se consolidaron como empresas trasnacionales, y actualmente son 15 veces más
rentables que el Grupo Carso de Carlos Slim. Su presencia alcanza a más de 50
países de los cinco continentes.
“Contrariamente
a lo que se pensaba por parte del gobierno, de que la presencia del Ejército
iba a intimidar a estos grupos delincuenciales, lo que hizo fue fragmentarlos y
que le respondieran en el mismo tono: con las mismas armas, tácticas y, en
muchas ocasiones, con mejores armas que las del gobierno. Las fuerzas de
seguridad actuaron desarticuladas. Incluso había conflictos entre las mismas
ramas de las Fuerzas Armadas, porque Calderón le dio más prioridad a la
Secretaría de Marina y la sacó de su función de tutelar los mares y las costas
y la involucró en la lucha contra el narcotráfico”, opina el general Francisco
Gallardo.
Para
combatir y desarticular este despliegue criminal, Jorge Luis Sierra opina que
el gobierno federal debe emplear todos los elementos del poder nacional en una
política de seguridad de largo plazo, transexenal, basada en marcos jurídicos
modernizados que protejan los derechos humanos y refuercen los controles
democráticos de la operación gubernamental. También se requiere pensar que no
hay política de seguridad exitosa en México que olvide el combate a la
corrupción gubernamental, el lavado de dinero y la pobreza en las zonas marginadas
donde operan las células que apoyan al crimen organizado.
El
investigador indica que México no es todavía un Estado fallido, pero está en
riesgo de serlo. “La delincuencia organizada controla apenas entre el 8 y el 15
por ciento de los municipios del país y a veces sólo tiene control parcial en
algunas zonas. Lo que si parece evidente es que lejos de ser acotada por la
intención del gobierno anterior de ‘recuperar territorios’, la delincuencia
organizada ha encontrado sus propias formas de expandirse a través del
reclutamiento de la delincuencia semiorganizada y, en algunos casos, el control
violento y brutal de la no organizada”.
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